Fe Adulta

Romans 6:3-11

VIGILIA Y DOMINGO DE RESURRECCIÓN (C)

Las lecturas normales de la Eucaristía del domingo se aumentan considerablemente en la Vigilia. Se trataba de llenar la noche con lecturas y oraciones. De todo esto han quedado siete lecturas, de las cuales se suelen hacer solamente tres.

Son lecturas de la Creación (Génesis,1 y 2), el Sacrificio de Abrahán (Génesis,22), el paso del mar Rojo (Exodo, 14-15), como recuerdo de las obras de liberación de Dios por su pueblo. Después hay cuatro lecturas de los profetas (dos de Isaías, una de Baruc y otra de Ezequiel), que presentan todos la misma idea, Dios Salvador, en muchos símbolos y formulaciones diferentes.

Recogemos solamente la segunda de Isaías, como muestra del espíritu de todas ellas.


PRIMERA LECTURA:

Del Libro del Génesis: “EL SUEÑO DE DIOS”

Una interpretación religiosa del origen de todo ser: se usa la ciencia de la época – tan imperfecta – para explicar “el sentido de todas las cosas”, y, sobre todo, el sentido del ser humano.

“Dios creó al ser humano a su imagen
a su propia imagen lo creó,
varón y hembra los creó …”

Dios es la fuente de la vida. Toda vida viene de Dios. Él es el que lanza la aventura de los humanos, para que vivan y se multipliquen y lleguen a ser plenamente humanos, como imágenes, como hijos de Dios.

 

SEGUNDA LECTURA:

Del Libro del Éxodo: “CON DIOS, LA LIBERTAD”

Los hebreos se escaparon de Egipto “de milagro”. Cuando fueron celebrando el aniversario de aquella noche terrible, en que estuvieron a punto de perecer, celebraron sobre todo “La mano poderosa de Dios, que les sacó de la esclavitud y les llevó por el desierto camino de la Patria”

“Yo soy el Señor tu Dios,
el que te sacó de la esclavitud de Egipto.
No tendrás otro Dios”

Sin Dios, esclavitud: esclavos del mundo, del pecado, de la muerte, de la vulgaridad… Con Dios podemos caminar: venceremos al mar, a la noche, a los ejércitos enemigos… Con Dios, podemos.

 

TERCERA LECTURA

Del Profeta Isaías: “DIOS, FUENTE DE VIDA”

Un himno, exaltado, brillante, inspirado. Un hombre que vivió hace dos mil cuatrocientos años entendía ya muy bien a Dios. En sus palabras parece que estamos oyendo al mismo Jesús.

¡Oh, todos los sedientos, id por agua, y los que no tenéis plata, venid, comprad y comed, sin plata, y sin pagar, vino y leche!

¿Por qué gastar plata en lo que no es pan, y vuestro jornal en lo que no sacia? Hacedme caso y comed cosa buena, y disfrutaréis con algo sustancioso….

Como descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé simiente al sembrador y pan para comer, así será mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a mí de vacío, sin que haya realizado lo que me plugo y haya cumplido aquello a que la envié.

Como la lluvia, gratuita, fecunda, abundante, que hace verde el desierto, refresca, limpia…. Ése es Dios. Mira la vida normal: es desierto, no vale gran cosa, no es fecunda, aburre… Pon a Dios en medio… ¡es como una fuente en el desierto!

(Y DIJO JESÚS:

“El que tenga sed, que venga a mí y beba:
le nacerá dentro una fuente de agua viva”)

Todas estas lecturas son, por tanto, una magnífica invitación a la vida, a la abundancia, a la luz, a la fecundidad, fundadas en la Palabra de Dios, que riega constantemente, que se siembra para nuestro alimento, que nos eleva de los planteamientos de tierra a los del Espíritu.

En esta lectura se resumen los conceptos de las demás: Dios creador de la vida, salvador del diluvio del pecado, libertador de la esclavitud de Egipto, convertido en luz y agua y semilla de vida: se reúnen aquí todos los símbolos de la resurrección, la plenitud de la vida ofrecida por Dios.


ROMANOS 6, 3‑11

¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte?

Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva….

Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él… Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Paul introduces here a new language for the same ideas: buried with Christ, dead to the world, what we were, sinners, has been crucified… we are now something else, a new creation, resurrected.

Baptism is the sacrament of all this. And the last sentence, as a summary of what we celebrate:

“So you also must consider yourselves dead to sin and alive to God in Christ Jesus.”

We are shown that this is not just a celebration of something that happened, but of something that happens, because that is our life, to walk through life, each day, in this way; to resurrect each day to the new life of Jesus.

Like many of Paul’s texts, it is a theology that seems complicated to us, because it uses many symbols and changes its meaning from one paragraph to another. But the basic message is clear. Sin is death: Jesus is Life.

The resurrected Jesus is the Living One par excellence, free from death and sin. We, through baptism, join Him, we want to live a life free from sin, a new life. And this is true life, free from darkness, stronger and more definitive.

It is a text that has much of a hymn, an enthusiastic profession of faith in Jesus.

 

José Enrique Galarreta, S.J.

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