Miércoles de la 1ª semana (Mc 1,29-39)
Jesús fue a casa de Simón. Su suegra estaba en cama con fiebre y se lo dijeron. Jesús la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos y expulsó muchos demonios. Se levantó de madrugada y se marchó a orar. Al encontrarlo, le dijeron: Todo el mundo te busca. Él les respondió: Vámonos a las aldeas cercanas a predicar; que para eso he venido.
Jesús no se deja atrapar por el éxito
La curación de la suegra de Pedro parece un acontecimiento anodino, pero encierra una profunda enseñanza. La fiebre impide el servicio a los demás, que es la primera y principal característica del Reino.
Recuerda que la curación se efectúa en sábado. Para curar a la gente tiene que esperar a que se ponga el sol (final del sábado) pero la curación de los que le siguen es más urgente y no puede esperar ni unos minutos.
Los discípulos ven el éxito como un signo de la bendición de Dios, pero Jesús interpreta el entusiasmo popular como un peligro para su misión. Esta distinta manera de interpretar los hechos permanecerá hasta el final.
Jesús cura todas las dolencias, pero se da cuenta de que el pueblo interpreta lo ocurrido como demostración de que la salvación será material y espera que él mismo siga en esa dinámica. Le aclaman por lo hecho y le buscan por la mañana para que siga haciendo lo mismo.
Los discípulos, que no habían entendido nada de la predicación de Jesús, se ponen de parte de esa interpretación, porque lo que buscan es un mesianismo como el oficial. No se han enterado de la novedad del mensaje de Jesús ni comprenden el servicio como regla.
Fray Marcos
