Martes de la 32ª semana (Lc 17,7-10)
Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: ven y ponte a la mesa? ¿No le diréis: prepárame de cenar, sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú? ¿Tenéis que estar agradecidos porque ha hecho lo mandado? Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.
Cumplir lo mandado te mantiene en la servidumbre
No es nada fácil descubrir la profundidad del mensaje. Debemos estar muy atentos porque va en contra de lo que seguimos creyendo los cristianos de ahora mismo.
Ya hemos repetido que los fariseos, y en general la religión judía, estaban convencidos de que lo único que les salvaba era un estricto cumplimiento de lo mandado.
Se nos ha enseñado que lo único que espera Dios de nosotros es el cumplimiento exacto de su voluntad. Ni siquiera debemos preocuparnos de por qué está mandado o prohibido. Cumple la ley y punto.
Por activa y por pasiva se nos invita a mantener una actitud de criados ante Dios que solo tienen la obligación de obedecer a todo sin rechistar. Jesús propone romper con esa relación y entrar en otra completamente distinta.
Nuestra meta no es ser unos pobres siervos sino llegar a sentirnos amados por el Señor e identificados con Él. Todos estamos llamados a hacer nuestro el ágape que es Dios y a gozar de su cercanía y su amor gratuito.
La diferencia es abismal y el salto que todos estamos obligados a dar debería condicionar nuestra religiosidad para que ya, aquí y ahora, nos liberara de toda opresión. El evangelio nos pide no oprimir ni dejarnos oprimir.
Fray Marcos
