Viernes de la 10ª semana (Mt 5,27-32)
Habéis oído el mandamiento: no cometerás adulterio. Yo digo: el que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela. Se dijo: el que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio. Yo digo: el que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con ella comete adulterio.
Jesús supera la visión de la mujer como propiedad
El enfoque del matrimonio en tiempo de Jesús era exclusivamente jurídico. Solo se preocupaba del derecho de propiedad que tenía el marido sobre la mujer.
Los evangelios hablan muy poco del tema y nunca desde el punto de vista sexual o amoroso. Pero da algún apunte esclarecedor. Hoy nos obliga a considerar el aspecto de relación íntima del hombre y la mujer.
No habla del amor tal como lo entendemos hoy pero es un primer chispazo que nos obliga a salir de aquella situación humillante que convertía en objeto a la mujer.
Jesús propone una relación de pareja que esté basada en una entrega mutua de servicio. Por eso, no solo destroza el matrimonio un acto externo de adulterio, sino cualquier sentimiento que vaya contra la mutua relación.
La referencia al ojo y la mano que te escandalizan, nos indica que por los sentidos llega la verdadera tentación contra una pareja matrimonial estable.
El placer inmediato, de lo que ves o lo que tocas, te puede llevar a destrozar una auténtica relación humana que debe ir más allá de lo apetecible en un momento.
Una relación de pareja que busque, en primer lugar, el bien del otro, nunca encontrará motivos para romperse.
Fray Marcos
