Fe Adulta

17 febrero

Avatar de Inma Calvo

Sábado después de ceniza (Lc 5,27-32)

Vio a Leví en la mesa de los impuestos, y le dijo: Sígueme. Dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un banquete. Estaba a la mesa un gran número de publicanos. Murmuraban los fariseos diciendo a los discípulos de Jesús: ¿Cómo es que coméis con publicanos y pecadores? Jesús respondió: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.

El ‘pecado’ de Jesús fue mezclarse con los malos

Es una actitud que sigue escandalizándonos hoy. Jesús insinúa que Dios está cerca de los pecadores. Es una de las enseñanzas del evangelio que no hemos asimilado.

Jesús fue amigo de todos porque era capaz de distinguir entre los fallos y la persona que falla. El pecador es el que más necesita verse comprendido y aceptado. Si el que falla se siente rechazado, es probable que se aleje más.

Amar al que es amable no tiene ningún valor como manifestación de nuestro auténtico ser, porque nace del instinto y no supera la actitud interesada y egoísta. Desde nuestro caparazón potenciamos el rechazo.

El listón más alto propuesto por Jesús fue el amor al malo, pero sobre todo, al enemigo. Es el último paso en la imitación de Dios, que nos ama aunque fallemos.

Si el motivo de nuestro amor es la bondad del otro, no hemos traspasado el cálculo interesado. La razón del amor cristiano está en el ser profundo del otro, que es idéntico al mío. A ese nivel nadie es malo ni enemigo.

El ser de una persona no queda anulado porque haya hecho algo malo. Obra mal porque no ha bajado a lo hondo del ser y se sigue identificando con la superficie.

 

Fray Marcos

 

 

Comparte FeAdulta Facebook