DOMINGO XXXIII TIEMPO ORDINARIO (B)
(Mc 13,24-32)
En aquellos días, después de gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad. Aprended de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta.
Lo que he sido y lo que soy es lo que siempre seré
Estamos ante una manera de hablar que no nos dice nada. No se trata de la manera de decirlo, se trata de que las mismas ideas que quieren trasmitir, están trasnochadas y no admiten ninguna clase de traducción.
El pueblo de Israel vivió siempre volcado hacia el porvenir, esperando una salvación que nunca llegaba. Esa esperanza de futuro en un Dios que les iba a salvar, es la que no tiene sentido porque Dios no tiene futuro.
En tiempo de Jesús se creía que esa intervención definitiva de Dios iba a ser inmediata. La primera comunidad vivió esta misma expectativa. De ahí surgió la idea de una segunda venida de Jesús para cumplirla.
Para alcanzar la plenitud (salvación) no necesitas que nadie añada nada a lo que ya eres ni que te quiten nada de lo que tienes y no te gusta. Tú lo eres todo y lo que necesitas es tomar conciencia de todo lo que eres.
En ningún momento futuro tendrás más oportunidades de ser que las que tienes en este instante. Todo el que te prometa una salvación para mañana o peor aún, para pasado mañana, te está engañando. Sal de la trampa de las circunstancias, sean positivas o sean negativas.
Fray Marcos
