Lunes 5ª semana cuaresma (Jn 8,1-11)
Le dijeron: esta mujer ha sido sorprendida en adulterio. La Ley manda apedrear a las adúlteras; ¿qué dices? Jesús, inclinándose, escribía en el suelo. Como insistían, se incorporó y les dijo: El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra. Y siguió escribiendo. Se fueron escabullendo, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer. ¿Dónde están tus acusadores? ¿Ninguno te ha condenado? Ninguno, Señor. Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.
En nombre de quién seguimos condenando
El texto está fuera de lugar. No se encuentra en los sinópticos y fue añadido al evangelio. Su planteamiento es tan interesante que justifica su inclusión. Además está muy de acuerdo con las enseñanzas de Jesús.
Denuncia el fariseísmo de la época. Si les cogieron in fraganti, ¿dónde estaba el hombre? La Ley mandaba apedrear a los dos, pero la costumbre era apedrear a la mujer. Siempre ha funcionado la ley del embudo: “lo ancho para mí, lo estrecho para ti”.
Jesús no se opone directamente a la Ley y está dispuesto a cumplirla, pero pone una simple condición: que tire la primera piedra quien no tenga pecado. Tirar la primera piedra era ‘privilegio’ u obligación del testigo.
En contra de lo que se nos sigue diciendo por activa y por pasiva, Jesús perdona antes de que la mujer se lo pida. El arrepentimiento no es lo que trae el perdón. La comprensión y el amor sí pueden cambiar la vida.
Después de veinte siglos seguimos empeñados en mantener la división entre buenos y malos. Jesús destruye la línea maniquea. Nadie puede estar capacitado para zanjar quién es bueno y quién es malo.
Fray Marcos
