Martes 5ª semana cuaresma (Jn 8,21-30)
Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de arriba: vosotros sois de este mundo, yo no. Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que Yo soy, moriréis. ¿Quién eres tú? Lo que os dije desde el principio. Podría condenar muchas cosas en vosotros, pero el que me ha enviado es veraz. No comprendieron que les hablaba del Padre. Cuando levantéis en alto al Hijo de hombre, sabréis que ‘Yo soy’ y que no hago nada por mi cuenta, sino lo que el Padre me enseñó.
Si no sabes quién eres, nunca sabrás quién es Jesús
Mientras pertenezcamos a ‘este mundo’ no podemos comprender a Jesús. Estamos ante una cristología muy sutil que nos llevaría a empezar la casa por el tejado.
Aquella comunidad no tenía ningún peligro porque sabía muy bien que todo había empezado con Jesús terreno. Pronto se prescindió de ese Jesús y se cayó en el mito.
La cristología descendente de Pablo nos metió por un callejón sin salida. Si no vemos que lo divino que hay en Jesús está en su humanidad podemos despistarnos.
Jesús sabía perfectamente que ni siquiera sus discípulos le entendían, pero tenía esperanza de que después de Pascua, la experiencia interior les llevaría a la verdad.
Todo lo que nos cuenta el cuarto evangelio es una vivencia pascual de la comunidad que llevaba muchos años profundizando. Lástima que esa experiencia interior se perdiera tan pronto en el cristianismo.
Para entender quién es Jesús tenemos que descubrir lo que somos cada uno de nosotros en nuestro verdadero ser. Es inútil buscar fuera algo o alguien que sustituya al Jesús que desarrolló su existencia como ser humano.
Fray Marcos
