Fe Adulta

17 noviembre

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Martes de la 33ª semana (Lc 19,1-10)

Zaqueo trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía. Se subió a una higuera, para verlo. Jesús le dijo: baja porque hoy tengo que alojarme en tu casa. Él lo recibió muy contento. Todos decían: ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Él dijo: la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más. Jesús le contestó: hoy ha sido la salvación de esta casa. He venido a salvar lo que estaba perdido.

Jesús se acerca al ‘pecador’ sin que se lo pida

Zaqueo, recaudador de impuestos y por lo tanto pecador y excluido, es el ejemplo paradigmático de la actitud de Jesús con los pecadores. Al contrario que el joven rico, estaba al margen de la Ley y tenía que arrepentirse.

Jesús solo le pide alojamiento en su casa. Pero esa súplica desencadena una actitud que le lleva mucho más allá del cumplimiento de la Ley. Ni siquiera le pide que renuncie a sus bienes como al joven rico.

Va más allá de lo exigido por Juan Bautista a los recaudadores. La promesa de repartir lo que tiene con los pobres indica hasta qué punto entendió a Jesús.

Tampoco le pide que le siga. Esto indica que no era una obsesión de Jesús que le siguieran a toda costa, sino una opción voluntaria de los que le oían y comprendían.

Sin duda el relato está muy resumido y hay que suponer muchas cosas más de las que narra. Hubiera sido muy interesante que nos dijeran de qué hablaron los dos.

Este relato nos obliga a interpretar de manera matizada todas las diatribas que encontramos en los evangelios contra los ricos. Jesús se sentiría mucho más a gusto entre los pobres, pero en ningún caso rechazó a los ricos.

 

Fray Marcos

 

 

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