Fe Adulta

2 abril

Martes de pascua (Jn 20,11-18)

María se asomó y vio dos ángeles vestidos de blanco. Mujer, ¿por qué lloras? Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. Se vuelve y ve a Jesús, que le dice: ¿A quién buscas? Ella tomándolo por el hortelano, le contesta: si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré. Jesús le dice: ¡María! Ella se vuelve y le dice. ¡Rabbuní! No me retengas, todavía no he subido al Padre. Ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro, a mi Dios y vuestro.

La primera aparición de Jesús es a una mujer

La que más le quería sigue buscándolo en el sepulcro. La decepción de los seguidores debió ser tremenda. No podían sospechar que la muerte no era el fin de todo.

Ni dos ángeles pueden servir como testigos de que está vivo. Le dicen que no hay motivo para la tristeza, pero no acierta a comprender otra realidad que la suya. El color blanco era el símbolo de la presencia divina.

Mirando al sepulcro no puede descubrir a Jesús. En cuanto se da la vuelta, allí estaba él irreconocible. Es su manera de mirar la que tiene que cambiar para verlo.

Se trata de un montaje teológico. ¡Cómo no iba a reconocer Magdalena a Jesús si estaba allí de pie! La pregunta ¿a quién buscas? deja claro que si buscaba a un muerto no podía reconocer a Jesús. Sutil teología.

Solo cuando la llama por su nombre, reconoce María a Jesús. Nos había dicho que María se vuelve y ahora que se re-vuelve. Deja definitivamente de mirar al sepulcro.

Magdalena es presentada como apóstol de los demás apóstoles. La sensibilidad femenina llegó donde no llega la poca capacidad de discernimiento del hombre.

 

Fray Marcos

 

 

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