Sábado 3ª semana de pascua (Jn 6,60-69)
Muchos discípulos dijeron: Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso? ¿Esto os hace tropezar? ¿Y si vierais al Hijo de hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Muchos discípulos no volvieron a ir con él. Dijo a los Doce: ¿También vosotros queréis marcharos? Pedro contestó: Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos que tú eres el Santo de Dios.
Solo quedan los doce
El desenlace no puede ser más desolador. Ni siquiera sus discípulos son capaces de entenderlo. No se habían desprendido del mal espíritu que movía a los dirigentes. La propuesta de Jesús es descabellada e inaceptable.
La propuesta de Jesús es un amor incondicional a los demás. A años luz de la propuesta de su religión, que consistía precisamente en lo contrario: aprovecharse de todos y de Dios para alcanzar seguridades propias.
Aunque es un relato elaborado a finales del s. I, refleja con claridad la incapacidad de entender a Jesús de los que le siguieron desde el principio. Solo se salvan los doce para justificar la experiencia pascual.
Seguramente se estaba viviendo el mismo problema de incomprensión en la comunidad donde se escribió el evangelio de Juan. Muchos seguían sin renunciar a la las seguridades y no aceptaban el don total a los demás.
La respuesta de Pedro es rotunda. No habla de doctrina sino de su persona. Cuando se escribió este evangelio, la comunidad está viviendo la misma Vida de Jesús que se hace palpable a través del amor efectivo.
Fray Marcos
