Sábado de la 2ª semana (Mc 3,20-21)
Volvió Jesús con sus discípulos a casa y se juntó tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo porque decían que no estaba en sus cabales.
El mensaje de Jesús solo puede surgir de un ‘loco’
Para entender bien este corto relato debemos afrontarlo con suficiente perspectiva. Descubriremos que tiene una total lógica. Solo un loco podía hacer lo que Jesús hacía.
La familia en tiempo de Jesús era patriarcal. Todos los miembros formaban una unidad económica, religiosa y social. El valor supremo de la familia era el honor.
Lo primero que tenía que aprender cada miembro del clan era a conservar y aumentar la honorabilidad de todo el grupo. Todos tenían que actuar como una piña.
Jesús se estaba saltando a la torera esa obligación. No había sido fiel a la religión de sus padres. Predicaba cosas que no había oído en el entorno familiar.
Se había ido de casa y vivía de manera completamente despegada de su clan. Andaba haciendo magia por los pueblos de alrededor. Tenía un grupo de seguidores que se podían confundir con los celotas de la época.
Sus familiares tenían razones más que suficientes para sospechar que podía poner en peligro el honor de todos. Su obligación era impedir que con sus andanzas pusiera en peligro su propia seguridad y la de toda su familia.
El tiempo les dio la razón. Lo peor que podía pasar a una familia es que los romanos mataran a uno en la cruz. Esa familia quedaba arruinada en todos los sentidos.
Tiene que hacernos pensar que Jesús, sabiendo todo eso, siguió adelante y no se amoldó a sus intereses.
Fray Marcos
