Martes de la 7ª semana (Mc 9,30-37)
El Hijo de hombre va a ser entregado y lo matarán; y a los tres días resucitará. No entendían y les daba miedo preguntar. En casa preguntó: ¿de qué discutíais? Callaban, pues habían discutido quién era el más importante. Quien quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos. Tomó un niño, lo abrazó y dijo: El que acoge a un niño como este, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me envió.
Queremos ser más, pero por el camino equivocado
En Mc descubrimos una machacona insistencia en el anuncio de la pasión. Para Jesús la muerte no es el final. La Vida que propone es más fuerte que la misma muerte.
Sus seguidores rechazan de plano esa perspectiva de muerte. No pueden entender que en la muerte por amor se encuentre la verdadera Vida que no puede morir.
Siguen preocupados por la primacía de cada uno. Por todos los medios tratan de ser más que el otro. No ha calado aún la enseñanza de entrega a los demás. La mala conciencia queda reflejada en el silencio de todos.
Al decir: ‘les llamó’ está indicando que estaban muy lejos de él. A continuación va a recordarles lo que significa estar con él. Identificarse con Jesús es estar al servicio de todos, es superar toda ambición y ansia de poder.
El niño como modelo es una imagen que nos cuesta mucho aceptar. En aquella época los niños no contaban y debían estar siempre al servicio de los mayores, que podían utilizarlos para cualquier servicio.
Al abrazarlo invita a identificarse con él y su indefensión. El mensaje es demoledor. Debemos aceptar no ser importantes y estar siempre disponibles como un niño.
Fray Marcos
