Lunes de la 29ª semana (Lc 12,13-21)
Dijo uno a Jesús: di a mi hermano que reparta conmigo la herencia. ¿Quién me ha nombrado juez? Guardaos de toda codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes. Uno tuvo una gran cosecha. Se dijo: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí toda mi cosecha. Me diré: túmbate, come, bebe y date buena vida. Pero Dios le dijo: necio, esta noche te van a exigir la vida. Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.
Las riquezas no pueden dar la verdadera seguridad
El tema de las riquezas fue crucial en las primeras comunidades cristianas. Con frecuencia se le dio una solución parcial, sin afrontar el problema de fondo.
No nos debe extrañar, porque después de veinte siglos seguimos dando tumbos en un asunto tan sensible. Aun no tenemos claro el lugar que debe ocupar la preocupación por las necesidades materiales.
Nuestra capacidad de razonar se ha desarrollado para responder más adecuadamente a los retos que la vida nos va poniendo por delante. Gracias a esa capacidad, hoy llevamos una vida biológica mucho más confortable.
El problema está en que podemos quedar encerrados en ese objetivo y no descubrir que hay algo más importante para cada uno de nosotros que hacer cómoda la vida.
No basta darse cuenta de que las riquezas ni siquiera garantizan la vida biológica. Debemos descubrir las increíbles posibilidades que se nos ofrecen en esta vida.
Desplegar la capacidad de amor, de entrega, de servicio, de preocuparse por el otro, es más importante que la vida. Esas capacidades me hacen más humano y me permiten dar verdadero sentido a la misma vida física.
Fray Marcos
