Fe Adulta

23 abril

Martes 4ª semana de pascua (Jn 10,22-30)

¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si eres el Mesías, dínoslo claramente. Os lo he dicho, y no creéis; las obras que hago dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida definitiva; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado es lo que más importa, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno.

Clave de todo el relato: yo y el Padre somos uno

El único camino para descubrir quién es Jesús son las obras. Jesús admite que no crean en sus palabras, pero no puede aceptar que no crean a las obras que ven.

Aunque les había dicho por activa y por pasiva quién era él, termina remitiendo a las obras como argumento definitivo. Hace presente a Dios en las obras de amor. Ellos no están capacitados para descubrir tal presencia.

Su idea de Dios les impide descubrir el Dios de Jesús. Rechazan ese Dios-Amor porque no concuerda con el suyo. Esta es la clave de toda la discusión.

La única credencial que acredita la unidad con el Padre son las obras. Ellos creían tener asegurada su relación con Dios, pero a través del cumplimiento de la Ley.

Lo que Dios ha dado a Jesús Dios es su misma esencia y la esencia no se puede arrebatar de un ser sin destruirlo. Ni siquiera aniquilándole consiguieron despojarle de Dios.

Con esta frase, Jesús no pretende equipararse a Dios. Está diciendo que todo lo que él es viene de Dios y se lo ha dado en cada instante. Quiere decir que Jesús no es otro Dios sino la manifestación del único Dios-Amor.

 

Fray Marcos

 

 

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