Fe Adulta

26 febrero

Avatar de Inma Calvo

Lunes de la 2ª semana cuaresma (Lc 6,36-38)

Dijo Jesús: Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros.

Nosotros somos los que debemos imitar a Dios

¿Es Dios el que va a reaccionar a lo que hagamos o somos nosotros los que tenemos que imitarle? Estamos ante una clara contradicción. Tratar bien a los demás para que Dios haga lo mismo es un trapicheo.

Dios no es misericordioso ni perdona ni condena… Dios no puede tener actos puntuales porque es acto puro. Lo que hace lo es, y lo es más allá del tiempo y el espacio.

Es importante para nosotros superar el lenguaje mítico en que está escrito el evangelio. Lo que quiere decir está claro, pero nos puede despistar la manera de decirlo.

Cuando aceptamos a los demás como son, sin juzgarlos, lo hacemos desde nuestro ser profundo. Si actuamos desde nuestro ego no podremos llegar a descubrir su verdadero ser y los percibiremos como enemigos.

Verdaderamente soy lo que hay de Dios en mí, que me unifica con todas las cosas. Desde esa perspectiva no hay bueno ni malo, no hay amigo o enemigo: somos uno.

Si juzgo y condeno, me estoy juzgando y condenando a mí mismo, porque es señal de que estoy en mi falso yo y actuando desde mi falso ser, que me lleva al egoísmo.

No es que Dios me mida con la medida que yo mido. Es que estoy demostrando que no he descubierto mi ser, desbaratando la capacidad de ser plenamente humano.

 

Fray Marcos

 

 

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