Fe Adulta

26 marzo

MARTES SANTO (Jn 13,21-38)

Uno de vosotros me va a entregar. ¿Quién es? Aquel a quien yo dé este trozo de pan untado. Y se lo dio a Judas, diciendo: lo que has de hacer, hazlo pronto. Judas, después de comer el pan, salió. Era de noche. Jesús: Ahora es glorificado el Hijo de hombre y Dios es glorificado en él. Pronto lo glorificará. Pedro: ¿A dónde vas? A donde voy no puedes seguirme, me seguirás más tarde. ¿Por qué no puedo seguirte? Daré mi vida por ti. No cantará el gallo antes de que me niegues.

Está a punto de desatarse el drama. Es inquietante

Se trata de un montaje literario para poner a cada uno en su sitio. Judas manifiesta su incomprensión y le entrega a pesar de ser de los nuestros. Pero no es el único que no entiende a Jesús. En realidad ninguno lo entiende.

La intimidad de Juan es el contrapunto a la dureza de la escena. Alusión al AT “el que come en el mismo plato que yo”. El cuidado que pone Juan en advertirnos que Jesús no delata a Judas es signo de exquisito amor.

La interioridad de Judas queda reflejada en una frase que parece absurda: ‘era de noche’. A la hora de tomar una decisión tajante su interior era obscuro y siniestro.

La frase de Jesús dice más que un discurso. Ha tomado conciencia de lo que va a pasar y su significado. Su gloria y la de Dios están en juego y se identifican.

La única gloria de Jesús es hacer presente el amor incondicional de Dios. La gloria de Dios es conceder a un hombre la capacidad de hacerle presente.

Pedro quiere presumir de su adhesión a Jesús haciendo una promesa que tardará muy poco en desmentir. No sabemos hasta qué punto pudo suceder así.

 

Fray Marcos

 

 

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