DOMINGO IV TIEMPO ORDINARIO (B)
(Mc 1,25-28)
Fue el sábado a la sinagoga a enseñar y se quedaron asombrados, porque enseñaba con autoridad, no como los letrados. Había un hombre con espíritu inmundo y se puso a gritar: ¿Qué quieres de nosotros Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el santo de Dios. Jesús le increpó: cállate y sal de él. El espíritu lo retorció y dando un grito fuerte, salió. Se preguntaban. ¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.
Solo de lo vivido se puede hablar con autoridad
El primer día de actividad de Jesús se desarrolla en la sinagoga. Señal de que su intención es liberar al pueblo judío del mal y de la opresión de la Ley que era aún peor.
Por dos veces se habla de sus enseñanzas, pero no se dice en qué consisten. Se insiste en las obras que son más efectivas a la hora de expresar la liberación.
La autoridad se puede entender como fuerza física o como fuerza moral. Aquí se refiere a la autoridad moral de Jesús para comunicar lo que había experimentado dentro de él.
La autoridad de Jesús es la misma de Dios, que no se impone por la fuerza sino que se demuestra por la entrega total al servicio de todos los seres humanos.
La consecuencia inmediata es que toda autoridad ejercida por la fuerza viene del diablo. Dios no se impone nunca. Propone una verdadera salvación pero deja en libertad.
La tarea de todo ser humano es liberarse de toda opresión y ayudar a los demás a liberarse. Debemos convencernos de que nadie puede esclavizarte si no te dejas.
Fray Marcos
