Martes de la 8ª semana (Mc 10,28-31)
Pedro le dice: ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. Jesús dijo: os aseguro que quien deje casa o hermanos o padres o hijos o tierras por mí y por el evangelio, recibirá en este tiempo cien veces más con persecuciones y en la edad futura vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros.
Tampoco éstas tienen visos de ser palabras de Jesús
No está tan claro que el seguimiento de los primeros discípulos fuera tan radical como nos dicen los evangelios. La radicalidad llegó después de la experiencia pascual.
Es ridículo pensar que Jesús les prometiera tal cúmulo de seguridades materiales. La clave está en esa coletilla que inserta el relato para aclararlo: con persecuciones.
Es verdad que la primera comunidad estaba concebida como una verdadera familia en la que todos se tenían que sentir como hermanos, pero el compartirlo todo no aseguraba la ausencia de carencias y dificultades.
También la promesa para el más allá entraña alguna dificultad. La creencia en un cielo era compartida por muchos judíos, pero es difícil imaginar a Jesús haciendo promesa para el más allá y aguantar así el más acá.
Con los datos que nos han llegado, podemos asegurar que Jesús no vivió una pobreza extrema. Los fariseos llegaron a llamarle comilón y borracho por hacer fiestas y comidas.
La fraternidad y el compartir todo lo que tenían con el grupo les hicieron sentirse protegidos y dichosos. Podían muy bien sentirse seguros, incluso en el aspecto material.
De todas formas, trabajar por un premio no fue nunca la propuesta de Jesús sino un amor total y desinteresado.
Fray Marcos
