Fe Adulta

29 enero

Lunes de la 4ª semana (Mc 5,1-20)

Un hombre poseído, viendo a Jesús, gritó: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo de Dios? No me atormentes. Jesús le estaba diciendo: Espíritu inmundo, sal de este hombre. Le preguntó: ¿Cómo te llamas? Respondió: Me llamo Legión. Los espíritus le rogaron: envíanos a los cerdos. Él se lo permitió. Los espíritus se metieron en los cerdos; y la piara se abalanzó acantilado abajo y se ahogó. La gente llegó y vieron al endemoniado sentado, vestido y en su juicio. Le rogaban que se marchase…

Las fuerzas incontrolables del mal están contra todo

No es nada fácil interpretar este relato. Nos faltan datos que pudieran ayudarnos. Está claro que la lucha contra el mal atañe también a los paganos, fuera de Israel.

Los aspectos con los que se puede presentar el mal son tan diversos que le viene muy bien la denominación de legión. Aquel hombre era un desastre, sin solución.

El hombre creía que Jesús le iba a aportar un nuevo tormento. Prefiere seguir en su estado que por lo menos controla. No puede sospechar que exista la libertad.

En el ámbito de la violencia generalizada en que vive, no cree que pueda haber alternativa y pretende aliviarse destruyéndose a sí mismo. Reconoce a Jesús, pero tiene miedo a que con su acción aumente la destrucción.

Los cerdos precipitándose al mar recuerdan al ejército del Faraón en el Éxodo. Allí los israelitas quedan a salvo gracias a la acción de Dios a través de Moisés. Aquí es la misma fuerza la que actúa pero a través de Jesús.

El miedo a lo desconocido nos impide casi siempre beneficiarnos de la fuerza que nos puede salvar. Una vez más se constata el refrán: es más seguro lo malo conocido que lo bueno por conocer.

 

Fray Marcos

 

 

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