Fe Adulta

30º domingo del tiempo ordinario

Hermanos y hermanas, la Palabra de hoy nos ha recordado la espiritualidad del discípulo de Jesús: que reconoce su condición frágil, su necesidad de ser curado y confía plenamente en la misericordia del Padre Madre. Oremos.

Dios mío, ten compasión de nosotros.

• Que la Iglesia sea cauce de compasión y misericordia; escuela de perdón sin condiciones y de acogida compasiva para quien se acerca y llama a su puerta.

Dios mío, ten compasión de nosotros.

• Que nuestra fe no nos lleve a separar a las personas en clases, a vivir encerrados en una religión rígida en la que sólo cuenta el cumplimiento de las normas y olvidar la gratuidad del Amor de Dios.

Dios mío, ten compasión de nosotros.

• Que los creyentes escuchemos la llamada a reconocer con humildad nuestra verdad frágil y herida como camino de encuentro con el Amor Salvador y gratuito de Dios.

Dios mío, ten compasión de nosotros.

• Que todos nosotros y nosotras denunciemos cualquier tipo de violencia; que anhelemos, soñemos y trabajemos por un mundo en paz; sin guerras, ni campos de refugiados; sin hambre y sin dignidad.

Dios mío, ten compasión de nosotros.

• Que no seamos fariseos y fariseas: personas satisfechas de nosotras mismas, poseedoras en exclusividad de la verdad y con derecho a juzgar a los demás.

Dios mío, ten compasión de nosotros.

Padre Madre buena, nosotros que queremos cambiar las cosas, lograr una sociedad más humana y habitable en paz para todos, que seamos conscientes que primero tenemos que cambiar nosotros y nuestra forma de vida.

 

Vicky Irigaray

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