Hermanos y hermanas, en este momento queremos recordar que la muerte no tiene la última palabra, hemos sido creados por la Vida y para la Vida; ahora y por siempre. Oremos.
Que la vida siempre sea la última palabra
• Traemos a esta celebración la fe de nuestra Iglesia, el deseo de Jesús de que tengamos vida y vida en abundancia que salta hasta la vida eterna.
Que la vida siempre sea la última palabra
• Traemos a esta celebración a todos nuestros seres queridos difuntos, a quienes nos dejaron hace tiempo o recientemente, que su recuerdo sea aliento en nuestro día a día; invitación a una vida más plena.
Que la vida siempre sea la última palabra
• Traemos a nuestra celebración a todos los hombres y mujeres, niños y niñas que mueren cada día en Gaza; que tanta deshumanización no nos sea indiferente, que no dejemos de alzar nuestra voz y exigir el cese de tanto horror.
Que la vida siempre sea la última palabra
• Traemos a nuestra celebración a cada ser humano que muere a causa de las guerras: en Ucrania, Siria, Sudán, Afganistán, Burkina Faso; Nigeria, el Congo…que la destrucción y sin razón den paso a la humanización y la paz.
Que la vida siempre sea la última palabra
• Traemos a nuestra celebración a quienes mueren en la soledad de un hospital, de una calle o de una residencia, que ninguna vida nos sea indiferente y crezcamos en solidaridad siendo presencia que acompaña y sostiene.
Que la vida siempre sea la última palabra
Padre Madre buena, en este día que recordamos a todos los difuntos queremos ser cauces de vida en nuestros contextos cotidianos, que acertemos a sembrar vida, sentido y esperanza.
Vicky Irigaray
