Hermanos y hermanas, la parábola del Hijo pródigo nos muestra a un Dios que nos busca siempre, en toda hora, que se acerca y es misericordioso. Oremos.
Queremos aprender a acoger sin condiciones
• Que la Iglesia sea el rostro de Jesús preferentemente en las periferias de nuestros pueblos acogiendo e invitando al banquete del Reino a todos los invisibles de nuestro mundo.
Queremos aprender a acoger sin condiciones
• Que todos nosotros y nosotras hagamos fiesta cada vez que un hermano que parecía que estaba por recuperar vuelve a casa lleno de dignidad y amor.
Queremos aprender a acoger sin condiciones
• Que todos los que trabajan en las diferentes ONGs e instituciones en favor de los más desfavorecidos de la tierra sean el rostro de Dios Padre Madre que nos acoge y hace fiesta incondicionalmente.
Queremos aprender a acoger sin condiciones
• Que los creyentes seamos conscientes de estar habitados por el Padre, que nos sintamos hijos y no criados, que nuestra preocupación no sea obedecer, cumplir ordenes y mandatos; sino recibir y agradecer tanto amor y bien.
Queremos aprender a acoger sin condiciones
• Que nuestros hogares y comunidades sean espacios de puertas abiertas que saben alegrarse y hacer fiesta cada vez que alguien llama a su puerta y sin preguntar le invitan a sentarse a su mesa.
Queremos aprender a acoger sin condiciones
Padre Madre buena, que nuestro perdón sea parecido al del padre de la parábola: un perdón que rehabilita, que devuelve la dignidad a toda persona porque su amor y misericordia no tienen límite.
Vicky Irigaray
