Fe Adulta

6 abril

Sábado de pascua (Mc 16,9-15)

Jesús, se apareció a María Magdalena. Fue a anunciarlo a sus compañeros. Al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció a dos de ellos que iban de caminando. Fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron. Por último, se apareció a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto. Les dice: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda creación.

La concisión de Mc contrasta con los otros relatos

Los exégetas están de acuerdo en que este capítulo es un añadido posterior a la redacción de Mc, provocado por el insatisfactorio final abrupto de este evangelio.

Son resúmenes de otros relatos más extensos y da a entender que los que van a leer el evangelio ya los conocían. Nos hablan solo de lo esencial para recordar lo que eran ya narraciones conocidas por todos.

Es curioso que insista una y otra vez en la dificultad para creer a los que había visto a Jesús. Se trata sin duda de un mensaje teológico que nos debe hacer pensar.

No podía ser de otra manera. Termina con el encargo de la misión. Id al mundo entero y proclamad la buena noticia. Es la consecuencia de haber descubierto lo que significó para ellos el haber descubierto a Jesús vivo.

En todos los relatos de apariciones está presente este encargo. Sintieron la necesidad de justificar, desde la raíz, la obsesión que vivió la primera comunidad por la misión.

Queda claro que la experiencia pascual fue interior y que no fue fácil encontrar los mecanismos para comunicarla. Por fin encontraron la solución efectiva en estos relatos.

 

Fray Marcos

 

 

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