Fe Adulta

4 noviembre

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Miércoles de la 31ª semana (Lc 14,25-33)

Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y madre, a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. ¿Quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse: este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.

Seguir a Jesús es una opción radical

Ante el espectáculo de la multitud que le seguía, Lc pone en boca de Jesús las condiciones del seguimiento. Todos los evangelistas son conscientes de que el primer seguimiento de la gente fue sin compromiso alguno.

Dejan claro que en la medida que iban creciendo las exigencias por parte de Jesús, iba disminuyendo el número de seguidores. Y ante el hecho decisivo de la muerte, se dice simplemente que todos lo abandonaron.

La oferta de Jesús es la absoluta liberación, que no puede ser compatible con ninguna otra atadura. La adhesión a Jesús no admite ningún otro apego.

La construcción de la nueva comunidad de hermanos es lo más importante. En caso de conflicto debe prevalecer sobre cualquier lazo, incluidos los familiares y sociales.

Estas exigencias justifican la advertencia. La decisión no debe hacerse a la ligera. Exige un esfuerzo descomunal y debemos calcular bien las fuerzas, no sea que fracasemos cuando ya estamos a mitad del trabajo.

Esto no quiere decir que una vez tomada la resolución de seguirle vamos a ser perfectos. La tentación del hedonismo y los apegos continuarán.

 

Fray Marcos

 

 

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