Lunes 2º semana de pascua (Jn 3,1-8)
Nicodemo dijo a Jesús: Sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro. Jesús le dijo: El que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios. Nicodemo pregunta: ¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Puede otra vez entrar en el vientre de su madre y nacer? Jesús dijo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: Tenéis que nacer de nuevo.
El verdadero nacimiento es de la carne al espíritu
Nicodemo se acercó a Jesús con la intención de que le explicara las Escrituras para poder cumplir la Ley correctamente. Pero Jesús no le interesa esa perspectiva y le propone algo muy distinto: nacer de nuevo.
Se manifiesta aquí uno de los cambios radicales de la predicación de Jesús. No buscar la salvación en el cumplimiento de una Ley venida de fuera sino en el cambio radical de postura ante Dios y ante los demás.
El cambio que se debe producir en cada uno es tan radical que se puede comparar a un nacimiento. El nacimiento biológico no es lo importante, solo tiene interés en cuanto me da pie para este nuevo nacimiento del Espíritu.
Solo el Espíritu tiene capacidad de transformar al hombre desde dentro. Es imprescindible romper con el pasado leguleyo y entrar en una nueva dinámica. Ese paso se puede interpretar como nacer porque da paso a otra Vida.
El Espíritu (Ruaj viento) es una fuerza invisible y por lo tanto incontrolable que te lleva donde ella quiere. Para ello es preciso dejarte llevar, no oponer resistencia y aceptar la meta a la que te lleva. Nunca actúa con violencia.
Fray Marcos
