Fe Adulta

8 marzo

Viernes 3ª semana cuaresma (Mc 12,28-34)

Un escriba preguntó a Jesús: ¿Qué mandamiento es el primero? Respondió: Escucha, Israel: nuestro Dios, es el único Señor: amarás a tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser. El segundo es este: amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que estos. Tienes razón cuando dices que el Señor es uno y no hay otro; y que amarlo con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.

Jesús añade el amor al prójimo además de la ‘shemá’

En este pequeño relato vemos con claridad que Jesús no se apartó de la Escritura, pero también apreciamos su intención de darle plenitud. Contestó con la shemá (la oración que repetían dos veces al día los judíos), pero añadió el amor al prójimo que no estaba en esa oración.

Sin duda es el aspecto más original de la enseñanza de Jesús. En el AT se dice expresamente: “amarás a tu prójimo” pero se añade: “y aborrecerás a tu enemigo”. Para ellos el prójimo era solo el de su raza y pueblo.

La originalidad de Jesús está en que une los dos en un único mandamiento. Esto es lo que no acabamos de ver. No hay diferencia entre amar a Dios y amar al otro. No podemos amar a Dios directamente porque no es objeto.

Cuando hablamos con tanta ligereza de amor a Dios, estamos deslizándonos por el resbaladero del mito. Ni Dios me puede amar ni yo puedo amarle. En Él el amor es ágape, identificación. Nuestro amor a Él es lo mismo.

Solamente puedo estar seguro de ese amor cuando me siento idéntico al otro, a todos los demás seres humanos. Esa unidad se tiene que manifestar en hechos. Sin amor manifestado no puede haber unión con Dios.

 

Fray Marcos

 

 

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