Fe Adulta

8 mayo

Martes 6ª semana de pascua (Jn 16, 5-11)

Me voy al que me envió, y nadie me pregunta: ¿Adónde vas? Por deciros esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. Si me voy, os lo enviaré. Cuando venga, convencerá al mundo acerca de un pecado, de una justicia y de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y de una condena, porque el príncipe de este mundo está condenado.

La marcha al Padre se interpreta como abandono

Les costó mucho entender el sentido de la muerte de Jesús. Quedaron desconcertados porque la vivieron como un fracaso. Para ellos la muerte era el final de todo.

Vivir junto a Jesús les había hecho comprender muchas cosas, pero se convirtió en un obstáculo para encontrar en ellos mismos lo que descubrieron en Jesús.

Mientras sigan confiando en lo externo no pueden descubrir el Espíritu que les cambiará desde dentro. El Espíritu será dentro de ellos la verdadera fuente de Vida.

Nadie podía sospechar que en ausencia de Jesús encontrarían condiciones más favorables para entender. No tenían todavía experiencia del Espíritu y no pueden comprender que pueda ser más eficaz que su presencia.

Los jefes religiosos le condenaron, pero el Espíritu les hará ver la injusticia: los judíos obraron injustamente, la justa sentencia viene de otra parte y da la razón a Jesús.

A esta conclusión llegó la comunidad después de muchas dudas. En el momento de la muerte no tenía la experiencia necesaria para llegar a esa conclusión ni entender ese lenguaje puramente teórico.

 

Fray Marcos

 

 

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