Fe Adulta

6 septiembre

Avatar de Inma Calvo

DOMINGO XXII TIEMPO ORDINARIO (B)

(Mc 7,1-8.14-15.21-23)

¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras? Él contestó: dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición. Y dijo: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. De dentro salen los malos propósitos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.

Ninguna norma puede tener valor absoluto

Hoy sabemos que Dios no ha dado nunca ninguna norma y menos aún con carácter absoluto y definitivo. Ni siquiera a Moisés. Las tablas de la Ley son un código ético muy provechoso para mantener al pueblo unido.

Una simple norma profiláctica, que pretendía evitar enfermedades contagiosas, había que proponerla como venida de Dios. Era imposible explicar al pueblo por qué había que lavarse las manos: no harían ningún caso.

La imagen de lo que entra o sale de dentro es genial. Debíamos tenerla mucho más en cuenta en nuestra vida espiritual. Esa Vida se desarrolla en espíritu y en verdad; no le puede afectar ninguna realidad externa.

Lo que viene de fuera ni mata ni da vida en el orden espiritual. Claro que tenemos que cuidar la vida biológica y evitar todo deterioro con cuidado, pero eso no tiene nada que ver con nuestras actitudes con los demás.

Todos los vicios que menciona el evangelio son un aldabonazo y muestran nuestras malas relaciones con los demás. Ahí queda demostrado nuestro grado de fidelidad a nosotros mismos y a Dios.

 

Fray Marcos

 

 

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