Fe Adulta

Una escala de valores humanos integral

Abraham MASLOW (1900-1980), uno de los fundadores de la psicología humanista, que se convertirá después en una quinta fuerza psiquista que será la psicología transpersonal, partió para construir esta pirámide motivacional o una escala de valores de personas sanas, maduras, realizadas, de vida interior. Indico este punto de partida, porque los anteriores, Freud, Skinner y otros partían de la clínica, es decir, de enfermedades mentales. Esto no permitía ofrecer un mapa para personas sanas y que querían madurar. Y las psicologías deben abrazar la totalidad del proceso de madurez integral sin perder su especialidad.

El anterior artículo hablaba de las dos H (Humanidad y Horizonte). Para hacer este proceso hay que tener los pies en el suelo, ser realistas. No puede ser sólo materialismo, ni sólo idealismo. Cada ideología, por sí sola, puede resultar nefasta. Es necesaria la H de Humanidad junto con la H de Horizonte. No pueden estar separadas. Por tanto, es necesaria una escala de valores o de motivaciones para realizar el PROCESO MADURATIVO INTEGRAL.

Hemos hablado últimamente de valores. Ahora toca presentar una escala de valores o axiología. Desde mi experiencia tanto pedagógica como psiquista, soy del parecer de que hay que partir del ego (en la concepción freudiana) para saber qué es necesario para madurar o hacer su proceso de madurez integral.

Antes el punto de partida era la psicología clínica. Inestabilidades, malestares, desequilibrios, disfunciones, enfermedades mentales eran la base para construir una escala valorativa de comportamiento. El caso extremo ha sido y es que cualquier dificultad de crecimiento normal tiene un medicamento o diagnóstico ya preparado. Por tanto, ha sido necesario cambiar el punto de partida. Considerar a las personas maduras, responsables y ver cómo lo han hecho para mantener esta situación de equilibración.

No me entretengo con la historia que es interesante de Maslow. Sólo hay que recordar que todo parte de la experiencia existencial bien llevada. Es interesante ver cómo la plenitud de sentirse humano pide la contemplación de trascenderse a sí mismo. O, con otras palabras, tomar conciencia de que existe una dimensión profunda que va más allá de las percepciones sensoriales del ego, sin dejar de sentirlo. De ahí la psicología transpersonal.

Pues bien, podemos dividir esa pirámide o espiral en dos partes. La vida es recta y circular a la vez. La primera parte son las necesidades por déficit, es decir, aquellas obligadas a satisfacer, a realizar o sino el ego se queda debilitado, desquiciado, en disfunción. Pongo como ejemplo real aquella persona en un campo de refugiados que no quería la ayuda de un psicólogo y tenía toda la razón: “Dadme de comer, un tejado y un trabajo y sabré salir de mis problemas”. Y entiendo que estaba acertado. Además, es un planteamiento de mucha y mucha actualidad: Tener un trabajo es el primer escalón para la economía o con otras palabras: cubrir las necesidades fisiológicas. El otro escalón imprescindible es la seguridad junto con el otro, la pertenencia. Un problema también actual: ¿Dónde me siento seguro y con qué grupo? Devolvemos el valor de la familia, sea el modelo que sea. Y el cuarto escalón lleva, si los anteriores funcionan, a la autoestima, a valorarse.

Y así podemos comprender que, de los ocho escalones, los cuatro primeros son de necesidad, de supervivencia o sino no se puede madurar. Ahora bien, los siguientes escalones son también necesarios, pero de crecimiento, de maduración.

La segunda parte es el crecimiento cognitivo, el mundo de la estética que empuja a la autorrealización. Estos escalones hacen madurar el proceso. Y es necesario un trabajo personal. Y al llegar a la autorrealización, muy satisfactoria, Maslow constató que para muchas personas no era suficiente. Había una insatisfacción. Y se encontró que muchas personas se sentían más realizadas con otro peldaño: autotrascenderse. Un nivel experiencial, no especulativo. No hace falta ir a una creencia de la otra vida o de religión, sino tomar conciencia de otros niveles más profundos de la vida, de aquí y ahora. Por eso nacía el mundo “trans”. Ciertamente, este prefijo tiene muchas significaciones. La que usa Maslow es “más allá” del ego, pero “atravesándolo”.  Conocer en él lo que es, pero desconocido. Aquí entra el silencio, la poesía, la metáfora, la música, pero no la lógica aristotélica ni la lógica matemática moderna ni las creencias. Todo lo contrario, la base o punto de partida es la vivencia o experiencia. Las neurociencias pueden comprobar y mostrar si el instrumento musical funciona o no, pero no pueden explicar lo que es la música o su historia. Esta dimensión pertenece a la subjetividad, que por ahora no tiene instrumentos científicos para poder medirse.

Alimento físico y emocional. Valoración de la relación familiar y sentirse útil. De ahí, la confianza básica empuja a la curiosidad cognitiva. Y puede valorar no solo las cosas materiales sino también las inmateriales de forma gratuita, llegando a sentirse más valorado por lo que el ego le puede dar en esa relación dual, imprescindible, pero no definitiva: Al llegar al fondo, hay algo más. Como al llegar a las alturas, hay algo más.  Un dato o vivencia biográfica para devenir consciente de su hondón:  Contemplar la totalidad humana.

 

Jaume Patuel Puig (1935).

Pedapsicogogo

Comparte FeAdulta Facebook