En este momento de la historia de la Iglesia, vemos que en el mundo rural, cada cura sirve a varias parroquias. En seguida se hacen los nombramientos por agregación y se llega a que un mismo sacerdote atienda a 5, 6, 7… parroquias. Y HASTA QUINCE. Otras veces varios sacerdotes viven juntos y los fines de semana, acuden a varias comunidades parroquiales.
También se está dando en todas las diócesis españolas, incorporar clero de África y América que, mientras estudian entre semana en sus centros universitarios, se dedican los fines de semana a celebrar en los pueblos. Resulta muy difícil el trabajo pastoral. Es evidente que la diferencia cultural y la falta de tiempo de esos curas es una desventaja para que conozcan y traten con las personas y mucho más, que lleguen a formar grupos cristianos.
Conozco zonas donde algunos curas se dedican entre semana a recorrer los pueblos y llegan a crear una gran amistad entre los feligreses. Hay que cambiar de modelo de pastoral. Es preciso visitar más las casas, los grupos, la cercanía con las gentes…
Y veo que poco a poco son algunos seglares los que se dedican a recorrer las parroquias y no solo a hacer celebraciones de la Palabra, los domingos, sino que intentan formar pequeñas comunidades y trabajar con ellas el conocimiento y la vivencia del evangelio.
Ha habido alguna experiencia de reunirse las personas de los distintos pueblos mediante un autobús que recorre los caminos para traer a los que lo deseen a algún santuario, o lugar, que es atractivo religiosamente para ellos. Pero han sido pocas veces y es algo a desarrollar con dificultades.
Es momento de imaginación y creatividad y que el pueblo creyente busque alternativas para anunciar el evangelio y celebrar la vida cristiana.
Merece la pena tener siempre en cuenta que caminamos no solo hacia la celebración de la Eucaristía los domingos. No podemos olvidar como prioritario el ir formando comunidades cristianas vivas creativas en cada pueblo por pequeño que sea.
Gerardo Villar
