Fe Adulta

26 enero

Viernes de la 3ª semana (Mc 4,26-34)

El Reino se parece a la semilla que un hombre echa en la tierra. La semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra produce la cosecha ella sola. Cuando el grano está a punto, ha llegado la siega. Se compara el Reino con un grano de mostaza: Es la semilla más pequeña, pero al brotar, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden anidar en ellas. Con parábolas les exponía la palabra, acomodándose a su entender.

La fuerza interior del Reino es siempre irresistible

La maduración del hombre no se hace en un instante. Necesita tiempo y espacio interior para desarrollase y sin darse cuenta, poco a poco se produce el cambio.

El cambio se produce por la energía de la misma semilla que solo necesita que nada le impida crecer. La quietud y la oscuridad son imprescindibles para la germinación.

Es muy importante tomar conciencia de que hay un tiempo de siembra, de germinación, de crecimiento y otro de maduración. No debemos preocuparnos de la siega. Se hará siempre en el momento oportuno, no antes.

El Reino parece algo insignificante. Como el grano de mostaza es completamente invisible, pero su fuerza es inmensa. De la nada aparente surge el árbol frondoso. Todos se podrán aprovechar del fruto y la sombra.

Al plantar cualquier semilla, y mucho más en el caso de la mostaza, es imprescindible la fe-confianza. Sin ella es imposible que nos dediquemos a la preparación de la tierra y a sembrarla. Solo la esperanza nos moverá.

Todo trabajo en el orden espiritual, por mínimo que sea, terminará dando su fruto. Para que esto ocurra, debemos tener plena confianza en la semilla; como el sembrador.

 

Fray Marcos

 

 

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