Lunes 4ª semana de pascua (Jn 10,11-18)
Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las arrebata y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer y habrá un solo rebaño y Pastor.
Jesús es el modelo de pastor
Traducirlo del griego por ‘pastor bueno’ devalúa el significado. En griego hay una palabra para decir ‘bueno’ y no la emplea. “Kalos” no significa bueno sino excelente, único en su género, modelo exclusivo.
El pastor excelente está siempre al servicio de las ovejas, aunque ponga en riesgo su vida. El asalariado busca solo el interés personal a costa de ellas. La diferencia es radical y la comunidad tiene que asimilarlo.
El conocimiento del que habla es mucho más que racional. Al compararlo con el amor que él tiene al Padre y que el Padre le tiene a él, nos obliga a pensar en un conocimiento vivencial, consecuencia del mismo Espíritu.
La profundidad de la relación de la comunidad con Jesús no se parece a la que tenía Dios con su pueblo en la Antigua Alianza. No propone otra institución que sustituya el templo sino otra comunión con Dios y con él.
La mención de las ovejas que aún no son de este aprisco, denota la preocupación de la comunidad de Jn por la misión. La comunidad tiene que crecer sin límites hasta que sienta la unidad en el amor con la humanidad entera.
Fray Marcos
