Fe Adulta

6 julio

Lunes de la 14ª semana (Mt 9,18-26)

Se acercó un personaje y le dijo: Mi hija acaba de morir. Pero ven, ponle la mano en la cabeza, y vivirá. Jesús lo siguió. Entretanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años se le acercó por detrás y le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle se curaría. Jesús le dijo: tu fe te ha curado. Jesús llegó a casa del personaje y, al ver el alboroto, dijo: ¡fuera! La niña no está muerta, está dormida. Entró, la cogió de la mano, y se puso en pie.

Ni la institución ni el pueblo encuentran salvación

El texto presenta a Jesús como el único capaz de dar salvación. Ni la institución (personaje) ni el pueblo sencillo encuentran remedio en la religión oficial. Solo Jesús está capacitado para superar una situación desesperada.

Lo curioso es que tanto el personaje como la mujer, demuestran una confianza ciega en Jesús y creen que puede sacarles de esa situación límite.

Los dos habían intentado solucionar la situación acudiendo a los remedios ordinarios que la ley ponía a su disposición. Acuden a Jesús in extremis.

Jairo era un personaje porque estaba integrado en el organigrama que entonces era exclusivamente religioso. La mujer, marginada por las instancias religiosas (declarada impura por sus hemorragias), había acudido a los médicos y curanderos sin conseguir ninguna solución.

Jesús acoge al funcionario con toda amabilidad y va con él a donde está su hija. Sin hacer caso del alboroto de la gente, llega hasta la niña, ya muerta (impura) y la coge de la mano, es decir hace lo que está prohibido: tocarla.

La mujer empieza ella misma por saltarse la Ley y tocando a Jesús, con miedo de que fuera rechazada precisamente por saltarse la Ley. Pero queda curada por ese hecho.

 

 

Fray Marcos

 

 

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