Fe Adulta

18 noviembre

Avatar de Inma Calvo

Miércoles de la 33ª semana (Lc 19,11-28)

Un hombre repartió diez onzas de oro a diez criados para que negociaran. Cuando volvió, les pidió cuentas. El primero dijo: tu onza ha producido diez. Muy bien, tendrás autoridad sobre diez ciudades. El segundo: tu onza ha producido cinco. Pues toma tú el mando de cinco ciudades. Otro dijo: aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo. Quitadle a éste la onza y dádsela al que tiene diez. Al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.

Sin colaboración, el Reino no puede crecer

Al contrario que en el caso de los talentos, la cantidad de dinero que recibe cada uno es insignificante. Se trata de destacar que lo importante no es el resultado sino la actitud de lucha por la expansión del Reino de Dios.

El premio consiste en la riqueza que aporta al empleado la misma fidelidad a la tarea. En los dos casos el premio hace referencia directa al resultado del trabajo. En el otro caso, el castigo es la privación de lo que se le dio.

En el fondo se nos está diciendo que ni hay premio ni hay castigo. Cada trabajador quedará enriquecido o empobrecido según haya colaborado en la tarea. El Reino es don, pero su desarrollo depende de nosotros.

Como en todas las parábolas, los adornos pueden despistarnos. No puede presentarse como imagen de Dios al rey que manda degollar a sus opositores.

Resumiendo. Lo que depende de Dios lo tenemos todos asegurado al cien por cien, pero el fruto de esa presencia depende de nosotros también al cien por cien.

Ni Dios ni nadie pueden hacer lo que depende exclusivamente de mí. Podíamos decir que la plenitud que cada uno alcanzará depende de su compromiso.

 

Fray Marcos

 

 

Comparte FeAdulta Facebook