
Son estas realidades “apocalípticas” las que nos llaman a tomar conciencia y a comprometernos con otras formas de vida, de relación y organización de “la casa común”, de la que habla Francisco, superando el individualismo y la explotación de la naturaleza. Son muchas las personas y los colectivos que nos recuerdan que es posible vivir haciendo posible un futuro más humano, al modo de Jesús, colocando en el centro a las personas, a la creación y comprometiéndonos en su cuidado. Es tiempo de “un cambio de rumbo que nos ayude a salir de la espiral de autodestrucción en la que nos estamos sumergiendo”.
