
Una mesa a la que somos todos convocados y en la que los últimos son los primeros…. merece ser bendecida. La presentación de Lenin Cárdenas
Invitados todos… ¡TODOS! a un banquete. A una mesa en la que los últimos son los primeros, los humildes son ensalzados y valorados. Una mesa a la que podemos elegir sentarnos o no. Invitados cada uno con nombre y apellido, como somos y como estamos. Invitados por puro amor.
No se me ocurre nada mejor que «decir bien».. BENDECIR esa mesa…
Bendito seas, Señor, que nos convocas a tu mesa,
a todos sin distinción de riqueza o de pobreza,
bendito seas por no querer a ninguno fuera,
por cuidar y amar a quien no quiere sentarse en ella.
Bendito seas, Señor, misterio de luz y vida,
que tocas la oscuridad e iluminas cada día,
bendito sea tu nombre que «re-crea» la justicia
enalteciendo al humilde y ensalzando a quien «no brilla».
BENDITO SEAS, SEÑOR,
DIRÉ SIEMPRE BIEN TU NOMBRE
PORQUE NUNCA ABARCARÉ
EL INMENSO AMOR QUE ESCONDE.
BENDITO SEAS, SEÑOR
DE LOS PEQUEÑOS Y HUMILDES,
BENDITO SEA TU AMOR
QUE ENGRANDECE Y HACE LIBRE.
Bendito seas, Señor, por todo lo recibido,
bendito seas por todo lo que hemos compartido,
por mostrarnos con tu vida que «perder» es un camino
para encontrarse a sí mismo, y a la vez, crecer contigo
BENDITO SEAS, SEÑOR,
DIRÉ SIEMPRE BIEN TU NOMBRE
PORQUE NUNCA ABARCARÉ
EL INMENSO AMOR QUE ESCONDE.
BENDITO SEAS, SEÑOR
DE LOS PEQUEÑOS Y HUMILDES,
BENDITO SEA TU AMOR
QUE ENGRANDECE Y HACE LIBRE.
Salomé Arricibita
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