
El Señor nos llama a recibir el Reino como los niños… con su energía, vitalidad, ilusión, creatividad. A menudo, andamos tan ocupados y preocupados que no nos paramos a revisar si nuestro corazón y nuestra vida están preparados para el Reino: para verlo, para hacerlo, para recibirlo… Tras leer el Evangelio, me pregunto ¿me parezco más a los Fariseos del Evangelio o a los niños que se acercaban a Jesús? ¿qué actitudes tengo que recuperar de mi niñ@ interior para recibir el Reino?
