Fe Adulta

Corazón de padre y madre

Si al pensar en mis hijos

me emociono más de lo que a veces quiero;

si al mirarlos cada día

creo que son joyas inmerecidas;

si al verlos en peligro

corro a socorrerles con el corazón en vilo;

si cuando hacen alguna fechoría

estoy deseoso de perdonarlos;

si cuando desbaratan mis planes

tiendo siempre a justificarlos;

si cuando tengo que corregirlos

sólo sé hacerlo con cariño;

si cuando los castigo aún convencido

me duele en lo más íntimo:

si cuando piden perdón

me derrito aunque vuelvan a hacer lo mismo;

si cuando ríen sus ocurrencias

me parecen pillos en fiesta;

si cuando estoy con ellos

camino lleno de vida y muy erguido…

Y si cuando se me pierden

me encuentro perdido

hasta encontrarlos y recuperarlos

sanos y salvos.

 

Si esto me pasa a mí,

que no soy bueno,

que a veces desconfío de ellos

y de mí mismo,

que sólo soy un aprendiz de tus deseos…,

¡qué no te pasará a Ti,

que eres bueno,

que tienes un corazón de ensueño

y que no sabes desconfiar de nosotros

aunque nos hayamos ido lejos!

 

Florentino Ulibarri

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