Fe Adulta

Elogio de la atención

Domingo I de Adviento

30 de noviembre

Mt 24, 37-44

“Estar en vela” significa vivir con atención, poniendo luz en todo lo que nos sucede, para poder acogerlo con aceptación y lucidez.

La atención es lo opuesto al despiste, a la distracción, a la superficialidad y a la confusión. No es una cualidad de la mente -aunque esta resulte beneficiada-, sino una actitud que requiere silencio mental. Si el despiste, la distracción, la superficialidad y, en último término, la confusión se alimentan con la hiperactividad de una mente de mono, que salta constantemente de un lugar a otro, la atención brilla cuando la mente está en calma.

La atención nos trae a casa y posibilita vivir en el presente, disuelve los fantasmas que tiende a fabricar una mente rumiadora, sosiega y regala paz, aporta fortaleza y libera del sufrimiento inútil.

No es la nuestra una cultura silenciosa y atenta. Silencio y atención no cotizan al alza en nuestro medio. Predominan los ruidos de todo tipo y la distracción habitual, como huida de malestares que preferimos no ver. Sin embargo, en un efecto paradójico, esos malestares evitados se terminan convirtiendo en la mayor fuente de sufrimiento.

La atención es capaz de mirar todo lo que llega, acogerlo amorosamente e iluminarlo. Y todo lo que es abrazado, observado amorosamente e iluminado se convierte automáticamente en nuestro aliado.

 

Enrique Martínez Lozano

(Boletín semanal)

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