Fe Adulta

Fiándome de tu palabra

Para el camino, Señor,

no llevo oro, ni plata,

ni dinero en el bolsillo

me fío de tu palabra.

 

Ni tengo alforja con provisiones y repuestos,

que me basta tu compañía

y el pan de cada día.

 

Túnica, la puesta, sin más,

que no tengo que ocultar nada,

y el frío y el calor se atemperan

cuando se comparten, en familia.

 

Tampoco llevo bastón,

aunque tú dijiste que podíamos,

pues mis hermanos me sostienen y dan la mano

cuando el camino se hace duro,

y sangro, tropiezo y caigo.

 

Y sandalias, unas de quita y pon,

abiertas y bien ajustadas,

para evitar callos y rozaduras

en el cuerpo y en el alma,

andar ligero

y no olvidarme del suelo que piso

cuando tu Espíritu me levanta,

me mece libre, al viento,

me lleva y me arrastra.

 

Eso sí, voy en compañía,

desbordando ternura y paz

regalando salud y buena noticia

y caminando con alegría.

 

Casi ligero de equipaje,

fiándome de tu palabra,

yo te sigo y…

eso me basta.

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