
Dios no crea las clases sociales; Dios crea al ser humano libre, creador, inteligente y responsable. La vida en su complejidad ha creado no solo grupos muy separados entre sí, sino en abierta distancia casi insuperable. Esta distancia no es de Dios, porque Dios es Padre de todos. El Evangelio no consagra las diferencias, sino que pide la debida justicia.
