Tragar esta frustración gigantesca.
Después de unos 27 años de práctica sostenida y gozosa. No puedo donar más sangre. Nunca más. O así sonó. El hipotiroidismo autoinmune que resuelvo con tres cuartos de pastillita.
Un duelo, para pelearlo en oración, y que se haga tesoro.
Ya venía luchando, desde el descubrimiento de que mi cuerpo se miente a sí mismo para agregar exigencias que en rigor no serían necesarias… Por si a alguno le aporta, los valores de T4 son normales pero tengo elevada la TSH. Por lo que fui entendiendo, la tiroides «le hace creer» a la hipófisis que su esfuerzo no alcanza, que tiene que producir más todavía… cuando no sería cierto… Engaño que provoca desgaste. Montones de mecanismos que se disparan; un proceso tan denso como inútil, que malgasta las energías.
Una primera pista: lo que me daña a mí, al menos potencialmente, daña a otros. Miente la lógica de la abnegación. No es verdad que el sacrificio de uno rescata a los otros… Lo que me sobreexige sin sentido, lo que me descompagina la armonía, se hace riesgo transmisible. Las luchas en las que una parte de mí se enfrenta con otros aspectos de mí misma, no crean; sólo destruyen y hacen participar a otros de su inmolación.
Necesito seguir cultivando mi abundancia, para que lo que salga de mí nutra, alivie, empuje a más… Lo que genuinamente salva, es la expansión de la vida, el fuego lanzado a pleno; y la integración de las distintas fuerzas que nos habitan, que permiten despertares sorprendentes.
Tener que dar este paso atrás. El necesario corrimiento que permite que los jóvenes tomen el campo, pongan su propia sangre en juego. Más de esto de caer en la cuenta de «la vida que me alcanza», del devenir, de la dimensión temporal de mi infinito… Dejar espacio para que el otro sea, implica cierta retirada…
Mi sangre no es perfecta. ¿Habrá alguna que lo sea?
¿Puede igual ser alimento de otros? ¿Puede mi barro hacerse aliento vital que reconfirme, esencia que contagie?
En parte, no es para tanto… Recibir de mí, podría implicar que alguien necesite un pequeño refuerzo hormonal; suena a detalle, frente a tanta necesidad de sangre entregada, a tantas transfusiones indispensables para que lo cotidiano se haga más humano. Hay tanta muerte esperando ser resucitada…
Asumir el riesgo de «donarme» igual, con la falibilidad a cuestas, gozando de lo que tengo y puedo compartir, así falladito como es… Encontrar modos nuevos de entregar mi sangre, tan apasionados y profundos como éste. Seguir descubriendo espacios donde derramar, fecundar, revitalizar, por otras «vías».
Identidad en proceso, que sigue creciendo en el medio y gracias a los millones de experiencias del día a día que puedo y quiero asimilar. Para que tengan sentido, y me lancen a sentidos más plenos…
Sandra Hojman
