Fe Adulta

Il vangelo di ogni giorno

DOMINGO XI TIEMPO ORDINARIO (B)

(Mc 4,26-34)

El Reino de Dios se parece a un hombre que siembra la semilla en la tierra. Sin que sepa cómo, la semilla germina y crece. Y cuando ya están maduros los granos, se mete la hoz, pues ha llegado la siega. Les dijo también: el Reino de Dios es como un grano de mostaza: cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero crece y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar en ella. Con otras parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje.

La semilla se desarrollará si no pones obstáculos

Los exégetas están de acuerdo en que el centro del mensaje de Jesús es el Reino. Pero que no es tan fácil concretar una realidad tan escurridiza e intangible.

Las distintas parábolas que giran en torno al Reino nos tienen que ir acercando al significado de esa realidad. La verdad es: no cabe en palabras; solo podemos vivirla.

Podíamos decir que es un ámbito, un ambiente que propicia el desarrollo de una vivencia espiritual, que hace posible una convivencia humana transida de lo divino.

Las parábolas ni se pueden ni se deben explicar. Tampoco las que hemos leído necesitan explicación. Solo se necesita que nos dejemos empapar por ellas.

La evolución de la semilla no se debe a una acción externa sino a una fuerza que ya está en ella. El Reino es un proceso que tiene como principio y meta a Dios. Si no se desarrolla en nosotros, la culpa es solo nuestra.

La mostaza nos enseña que las apariencias engañan. El Reino se presenta como algo inapreciable a primera vista, pero con tanta vitalidad que puede asombrarnos.

 

Fray Marcos

 

 

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Viernes de la 10ª semana (Mt 5,27-32)

Habéis oído el mandamiento: no cometerás adulterio. Yo digo: el que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela. Se dijo: el que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio. Yo digo: el que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con ella comete adulterio.

Jesús supera la visión de la mujer como propiedad

El enfoque del matrimonio en tiempo de Jesús era exclusivamente jurídico. Solo se preocupaba del derecho de propiedad que tenía el marido sobre la mujer.

Los evangelios hablan muy poco del tema y nunca desde el punto de vista sexual o amoroso. Pero da algún apunte esclarecedor. Hoy nos obliga a considerar el aspecto de relación íntima del hombre y la mujer.

No habla del amor tal como lo entendemos hoy pero es un primer chispazo que nos obliga a salir de aquella situación humillante que convertía en objeto a la mujer.

Jesús propone una relación de pareja que esté basada en una entrega mutua de servicio. Por eso, no solo destroza el matrimonio un acto externo de adulterio, sino cualquier sentimiento que vaya contra la mutua relación.

La referencia al ojo y la mano que te escandalizan, nos indica que por los sentidos llega la verdadera tentación contra una pareja matrimonial estable.

El placer inmediato, de lo que ves o lo que tocas, te puede llevar a destrozar una auténtica relación humana que debe ir más allá de lo apetecible en un momento.

Una relación de pareja que busque, en primer lugar, el bien del otro, nunca encontrará motivos para romperse.

 

Fray Marcos

 

 

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