Fe Adulta

Nuestra casa, nuestro hogar

Fe adulta.

Hay una casa hogar, donde al amor de la lumbre, me siento tranquila e invitada a permanecer. No tiene muchas habitaciones, aunque son muchos los invitados que pasamos por ella. Está muy bien orientada, con ese calor que la envuelve, hace que se mantenga en una temperatura sin sobresaltos. Se encargan de cuidarla, y en una variada agenda proponen cosas parecidas, aunque hay diferencia en su discurso.

Desde la bondad de la palabra hecha gesto sublime, irradia a que ésta se instale en una, queriéndose mecer cariñosamente. A ello invitan conversaciones que contagian confianza en un Jesús humano y divino, que traslada filosofía espiritual al campo de acción de la vida diaria. Y lo mismo las demás disciplinas que encauzan un evangelio muy esclarecedor, prosa narrativa que desciende con su sencillez textos mortecinos en un paladeo que conquista el alma, latidos de vida de una rima con la brisa de una playa en calma. Todo está preparado para que sin haber vigía, el uniforme humano le de el carácter de una seriedad a seguir por el bien de todos/as.

Llevo tiempo asistiendo a estas citas que me emplazan y renuevan mi confianza para también sentirme en esa gran familia; el programa invita a actuar, nada es estático, en esa danza, hay conquista con las tecnologías actuales que crean otro espacio, donde las luces adornan las candilejas, que el teatro de la vida, a veces provoca.

Será una buena oportunidad el cuestionario para conocernos, un escalón más, para adquirir la notoriedad de la ubicación y otras oportunidades que aparezcan en esa respuesta sincera de cercanía, hacia lo que se entrega.

Mi abrazo extendido para acogeros y sentirme acogida.

Paz Parati

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