Querido Rafael:
Habiendo transcurrido las primeras veinticuatro horas desde el entierro, parecería lo normal llamarte por teléfono y expresarte de palabra nuestro pesar y acompañamiento. Pero hemos pensado que eso lo harermos pasados unos días, en que no tengas tantas llamadas como seguro tienes hoy y estos días inmediatos.
Alguien de nuestro común Grupo te diría que estamos estos días sin coche por haberlo prestado a una hija que tiene el suyo averiado, con lo cual nos encontramos como recluidos aquí en Torremocha. Prácticamente imposible trasladarnos fuera y menos a una zona que no es Madrid capital, donde tenemos servicio de autobuses. Eso explica que no hayamos estado presentes ni en el tanatorio ni en tu casa ni en el cementerio. Pero sabes muy bien que os hemos acompañado en todo momento.
Lo cierto es que, a pesar de verse venir, la muerte de Conchita nos impactó tremendamente y la lloramos de verdad. Y es que cuando una persona era como ella era, tan simpática, cariñosa, abierta, generosa… su desaparición causa mayor dolor. Así imaginamos que te ocurrirá a ti en grado superlativo y a tus hijos.
Por eso lo único que nos cabe es uniros a vuestro gran dolor con el propio nuestro y, como creyentes que somos todos, esperar que el Padre ya la tiene consigo y que habrá alcanzado su plenitud y su felicidad eterna. Ahora que ella ruegue por nosotros, más que nosotros por ella.
Recibe un gran abrazo con todo nuestro cariño.
-Jaime y Pilar-
