
La actitud de Jesús hacia los marginados de su tiempo nos interpela. Los leprosos eran segregados de la sociedad. Tocarlos significaba contraer impureza y lo correcto era mantenerse lejos de ellos, sin contaminarse con su problema ni su miseria. Jesús no solo cura al leproso sino que lo toca. Restablece el contacto humano con aquella persona que ha sido marginada por todos.
