Domingo IV de Cuaresma
15 de marzo
Jn 9, 1-41
Nuestro modo de entendernos, de sentir, de relacionarnos, de actuar…, de vivir, es deudor de la manera como nos vemos a nosotros mismos: en clave de carencia o en clave de plenitud. Y no habrá transformación real mientras no ajustemos nuestra visión, mientras no comprendamos lo que realmente somos.
Si mantengo una mirada que me reduce al yo -cuerpo, mente y psiquismo-, no podré sino verme en clave de carencia, lo cual me llevará a moverme entre la resignación fatalista y la búsqueda ansiosa e insaciable. Si alcanzo a ver mi identidad profunda, que es una con todo lo que es, eso me permitirá vivirme en clave de plenitud, haciéndome consciente de que, en medio de cualquier oleaje, por duro que resulte a mi sensibilidad, todo es quietud. Y que, aun en medio de toda incertidumbre y de todo dolor, todo momento es pleno y completo, tal como es. Aquello que, desde la clave de carencia, aparecía siempre como imperfecto, incompleto, inacabado y, en definitiva, frustrante, se muestra ahora -al verlo en clave de plenitud-, sin haberse modificado ninguna circunstancia, totalmente pleno.
Llegados a este punto, no es difícil entender la primera invitación de las personas sabias de todos los tiempos: “Conócete a ti mismo”, descubre qué eres, escucha tu sabiduría interior… Todo se ventila en esa comprensión.
Enrique Martínez Lozano
(Boletín semanal)
