Donde hay fe hay amor, donde hay amor hay paz, donde hay paz está Dios y donde está dios no falta nada (Blanca Cotta)
30 de octubre, domingo XXX de TO
Mt 22, 34-40.
-Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.
-Amarás al prójimo como a ti mismo.
«La vida cristiana es vertical y horizontal», nos dice el Calendario Litúrgico-Pastoral del día, haciendo referencia a los mandamientos de amor a Dios y al hombre: una dicotomía hoy insostenible. Jesús los enseña como un solo mandamiento fundamental y solidario que abraza lo humano y lo divino. Parece más próximo al Evangelio unificarlos en un solo trazo oblicuo, compendio de ambos. Amarse a sí mismo entra también en esta oblicuidad. Oscar Wilde dice de él que es el principio de una historia de amor eterna.
De Francisco de Asís se cuenta que entre otras expresiones usuales en la conversación, no podía oír la de «amor de Dios» sin conmoverse hondamente. De súbito se excitaba, se impresionaba, se inflamaba, como si la voz que sonaba tocara como un plectro la cuerda íntima del corazón. Para el de Asís, como para Pablo y Santiago, no se puede observar de verdad la Ley si falta el amor (Rom 13, 9; Gál 5, 14; Sant 2, 8).
La brillante imaginación india de Tony de Mello nos lo regaló en esta parábola: Donde hay amor sobran las normas y las tradiciones. El Maestro le dijo a su discípulo: «Debes comprender que, al igual que la música, la vida está hecha de sentimiento y de instinto, más que de normas».
La mística de arriba y la de abajo –la del mandamiento oblicuo- lo ha mantenido siempre en su diario. Esther de Vaal, experta en espiritualidad benedictina, concibe su libro Invitación al Asombro (Sígueme 2007) como una propuesta para lograr una mirada más atenta y captar mejor la presencia de Dios y el sentido de la trascendencia en el corazón de las cosas. En la película Alta sociedad, se dice de uno de los personajes, con condiciones maravillosas por otra parte: «pero te falta lo esencial: un corazón para sentir».
Para Paulo Coelho, «en toda historia de amor siempre hay algo que nos acerca a la eternidad y a la esencia de la vida, porque las historias de amor encierran en sí todos los secretos del mundo». Y porque, si se nos permite la hipérbole, Dios tiene tantos corazones como criaturas son en la existencia. Pues como no hay luz sin materia en la que reflejarse, tampoco hay Dios sin seres que la reflejen.
Estas memorables historias de amor, escritas en todas las geografías y lenguas por propios y extraños, han sido cantadas y lloradas por todos los corazones del planeta. León Felipe lo hizo de esta manera en Oraciones de caminante, poema XXVIII:
Allá, en lo alto
y haciendo su nido en las estrellas
vi el amor eterno y purísimo…
Me sentí muy bueno y lloré…
¡Por qué no seré siempre así!
El amor humano es el billete necesario para el Amor divino. Y hay que llevarlo siempre en la cartera. Cuando llegue el momento de embarcar y partir hacia la orilla de lo eterno, yo al menos no me quiero quedar en tierra. Mis razones personales las avala esta frase de la argentina Blanca Cotta: Donde hay fe hay amor, donde hay amor hay paz, donde hay paz está Dios y donde está dios no falta nada.
TODOS VIVIMOS EN LA TIERRA
Todos
vivimos en la tierra
bajo los mismos bosques,
sobre la misma arena.
No podemos
contrariar al otoño,
o luchar
contra la primavera,
tenemos
que vivir
sobre las mismas olas.
Son nuestras, de los hombres,
de los niños.
Todas
las olas
no tienen sello alguno,
ni la tierra
tiene sello, por eso
hombres de tantas razas y regiones
en esta época
de la fertilidad, de los destinos
y de las invenciones,
podemos descubrir
el gran amor
e implantarlo
sobre los mares y sobre la tierra.
Pablo Neruda
Vicente Martínez
