
Por Herminia Gisbert. Más allá del ruido, las luces y las tradiciones, esta reflexión es una invitación a reconocer ese renacimiento silencioso de la luz interior, incluso después de un año difícil. Una luz que no siempre se ve, pero que puede volver a encenderse cuando nos detenemos, nos escuchamos y nos abrazamos con honestidad. Que esta Navidad sea también un regreso al hogar interior, un gesto de presencia, un acto de cuidado hacia ti.
